Y de repente… Una Banda Sonora

Pongámonos en situación. En una motivadora tarde de domingo -por lo menos esta, las siguientes me sabrán a resaca, seguro- empieza un nuevo mes plagado de buenas intenciones. Un domingo por la mañana en Madrid huele a dominguero, evidentemente. Tras ir a buscar el matinal periódico (a eso de las 12 de la mañana) y esquivar a los cientos de turistas japoneses y francesas de la plaza del Reina Sofía, me dispongo muy motivadamente a sentarme en mi escritorio para probar un programa de ordenador que según me habían dicho te escribe lo que le pidas, sin necesidad de usar las manos, ¿no les parece alucinante? Después de confesar esto ya veo a muchos rancios criticando a mi generación: la de los perdidos, los gandules, los que no quieren esforzarse ni para escribir,  los, los, los… Bueno a lo que íbamos, el medio día y la tarde se presentaba aburrida leyéndome el tutorial de este programa que sin lugar a dudas me lleva al sedentarismo más absoluto e intentando resumir un desgastado libro que se titulaba: Introducción a la Antropología Cultural. Mi programa informático, que transcribía todo lo que yo le ordenaba, comenzó a dejar del hablar del hommo sapiens, para deleitarme con intensas onomatopeyas:

bandasonora

-¡ah ah ah!

-¡uf uf uf!

-¡aaaaa ja ja ja!

El ordenador, desconcertado, me preguntaba por defecto: ¿Qué fue eso?

A lo que yo, sin lugar a dudas, le respondí: ¿eso querido amigo? Eso es la vida, el principio y el fin, eso es un domingo de resaca y pocas veces un lunes por la mañana, eso es: follar.

Entre ¡ah ah ah ¡ y ¡uf uf uf! Se pasaron las doce, pasaron las tres y las cuatro, a eso de las cinco ya empezamos a asomar varios la cabeza al patio comunitario, un hombre me miró un tanto avergonzado, yo la verdad con envidia, aquello no era posible, ni humano, llevaban cinco horas dándole sin parar y yo ya estaba a todo menos a la antropología y mucho menos a mi moderno programa que lo transcribe todo. A las ocho el recital continuaba; una señora con un acento castellano, muy castizo y que sonaba a queso manchego y a jota zaragozana gritó sin más reparos:

Hija, que barbaridad! ¡Te van a dejar el culo como un pavo!

-¡Todo el día con “aes” y “oes”!

-¡Ya está otra vez la guarra esa!

Pasadas las ocho y media eso ya empezaba a cansarme hasta a mi, aunque no sé, la verdad, ¿sería envidia? Probablemente. El caso es que por h o por b aquellas gemidos estaban entreteniendo mi antropológico domingo. La cosa empezó a animarse aún más cuando unos vecinos, que estaban de cachondeo en su casa, empezaron a imitar los placenteros gemidos de la muchacha, por que al segund@ en cuestión no se le oía ni un amago de placer. Poco a poco todo el bloque se vio gimiendo colectivamente y aquello empezó a parecer una orgía comunitaria, ¡ni en los sesentas! El caso es que después de ese orgasmo colectivo, balbuceaos de bebés, un vecino que prácticaba jazz con su bajo a todo meter y de haber escrito este post, esta pareja, si es que no son más, siguen pasándoselo divinamente. La verdad es que les estoy muy agradecido, la banda sonora que durante toda la tarde se ha estado gestando en mi habitualmente aburrido patio de vecinos me ha servido para; uno, inspirarme este post; dos, para acompañarles un rato en esta banda sonora de placer con jazz de fondo; y tres, para recordarme lo cerca que estamos los unos de los otros en una ciudad tan deshumanizada y fría, así que nunca viene mal que se te corran al lado, a veces hasta se agradece ese gesto de humanidad.

Compartir:
  • Facebook
  • MySpace
  • Twitter
  • Digg
  • del.icio.us
  • Google Bookmarks
  • Technorati
  • RSS
  • Print
  • PDF

1 comentario

Escribe tu comentario
  1. los patios de vecinos orgasmicos…unen